¿Qué significa Génesis 31:43?
Jacob ha presentado su caso contra su suegro Labán, y ha descrito con enojo los veinte años de servicio fiel que le había ofrecido a su tío. Jacob ha demostrado que, si el Señor no hubiera intervenido para protegerlo, el engaño y la codicia de Labán habrían dejado a Jacob con las manos vacías. Dios había sido fiel con Jacob, y finalmente Labán lo había perdido casi todo.¿Cómo respondió Labán a esta confrontación? Simplemente afirmó los que se suponían que eran sus derechos, pero también su incapacidad para reclamarlos. Labán parece comprometido a presentarse a sí mismo como una víctima hasta el final, y ahora insiste en que las esposas, los hijos, los rebaños y las posesiones de Jacob eran legalmente suyos. Labán creía que era el dueño legítimo de todo lo que Jacob tenía porque Labán lo consideraba como uno de sus siervos. En otras palabras, todo lo que Jacob poseía era propiedad de Labán en última instancia, de acuerdo con la opinión de Labán.
Sin embargo, Labán había sido visitado por el "el Dios que Isaac temía" en un sueño. Dios le advirtió, en esencia, que no le hiciera daño a Jacob. Labán concluyó rindiéndose: "¿qué puedo hacerles hoy a estas hijas mías, o a los hijos que ellas han tenido?" Al final, Labán se negó a reconocer que sus hijas estaban huyendo de él (Génesis 31:14–16).
Génesis 31:43–55 describe el acuerdo final al que llegaron Jacob y Labán. Labán finalmente deja claro que no reclamará ninguna de las posesiones de Jacob. En cambio, él y Jacob acuerdan hacer un pacto de separación pacífico. Construyen un montón de piedras, hacen juramentos, realizan sacrificios y comen juntos. Finalmente, Labán se despidió de sus hijas y sus nietos con un beso y regresó a su casa. Jacob y su familia continuaron su camino hacia la Tierra Prometida.
Génesis 31 describe la difícil separación que finalmente ocurrió entre Jacob y Labán, su suegro y el había sido su jefe durante veinte años. Durante ese tiempo, Jacob había sido maltratado y engañado de forma rutinaria. Después de que Dios le dijera que regresara a la tierra de Canaán, Jacob reunió a sus esposas, a sus hijos y todas sus posesiones y se fue sin decírselo a Labán. Labán pronto lo alcanzó con un gran séquito a sus espaldas. Finalmente, Labán y Jacob se enfrentaron amargamente. Sin embargo, finalmente hicieron un pacto de separación y se despidieron pacíficamente.