¿Qué significa Mateo 15:2?
Para nosotros en la actualidad, parece como si los fariseos hubieran venido a Galilea desde Jerusalén para acusar a los discípulos de Jesús por una mera falta de higiene. Es cierto que la queja en cuestión implicaba que no se "lavaban" las manos antes de comer. Aunque las madres de todo el mundo probablemente estén de acuerdo en que es una buena idea hacerlo, los fariseos no estaban preocupados por la salud en sí, sino que su intención era descalificar a Jesús diciendo que era rabino un ilegítimo, ya que Sus discípulos no estaban siguiendo lo que los fariseos afirmaban que eran las reglas "correctas" del judaísmo.Después de que Moisés les diera la Ley de Dios, los líderes religiosos de Israel debatieron mucho entre sí sobre cómo aplicar esos mandamientos en la vida cotidiana. Muchas de esas aplicaciones se convirtieron en reglas en sí mismas. Cada generación se comprometió a seguir las enseñanzas de la generación anterior como una forma de honrar la sabiduría y la experiencia de los ancianos. Con el tiempo, esto provocó que se le añadieran a la Ley de Moisés cientos de reglas específicas, con miles de detalles específicos. En los peores casos, algunas de esas tradiciones se acabaron convirtiendo en formas complicadas de seguir la ley de Dios al pie de la letra, mientras que al mismo tiempo se llegó al punto de incluso evitar la intención espiritual que los mandamientos en sí mismos trataban de comunicar (Mateo 15:3–9).
El ritual de lavarse las manos antes de las comidas, para el cual probablemente se necesitaban algunos utensilios, era un ejemplo destacado de estas tradiciones. De hecho, no se cometía ningún pecado si se hacía; sin embargo, esos detalles nunca formaron parte de los mandamientos que Dios le dio a Su pueblo. Estos detalles eran tradiciones sobre la ley que la gente misma decidió establecer, y se trataban como si llevaran el peso mismo de la Ley de Dios.
Jesús y Sus discípulos, sin embargo, no practicaban esta tradición ritualizada. Dios no le había mandado a Su pueblo que lo hiciera, y el Hijo de Dios tampoco requirió que Sus discípulos lo hicieran. Eso no quiere decir que "nunca" se lavaban las manos antes de comer; aunque sí es verdad que no siguieron el proceso de lavado de acuerdo con los estándares de los fariseos y su exacerbado legalismo.
Los fariseos y los escribas se indignaron al ver esto. A lo largo de las generaciones, hubo muchos rabinos respetados que les exigieron a sus discípulos que practicaran esta forma de lavarse las manos. ¿Cómo podrían Jesús o Sus discípulos ser considerados como seguidores respetables de Dios si no practicaban este ritual?
La respuesta de Jesús nos muestra que Jesús ni siquiera respetaba la razón por la que lo estaban acusando, ya que provenía de corazones profundamente hipócritas (Mateo 15:3).
Mateo 15:1–9 describe a unos fariseos y escribas de JerusalÉn que vinieron a desafiar a Jesús. Se quejaron porque los discípulos de Cristo aparentemente ignoraron la práctica de los fariseos de lavarse ritualmente antes de comer. Jesús les hace una pregunta: ¿por quÉ permiten que la gente quebrante el mandamiento real de Dios de que las personas deben honrar a sus padres? Jesús dice que ellos anularon la Palabra de Dios por causa de su tradición. En verdad, criticaban a los que ignoraban sus mandamientos, pero ellos mismos ignoraban los mandamientos de Dios. Entonces, Jesús les aplica a estos fariseos unas palabras que el Señor mismo comunicó a travÉs de Isaías acerca de los israelitas de su Época, diciendo que estos fariseos honraban al Señor con sus palabras mientras que sus corazones no lo hacían; adoraban a Dios en vano, enseñando reglas humanas como si fueran doctrinas.
Algunos fariseos y escribas vinieron de JerusalÉn para desafiar a Jesús. Se habían ofendido porque Sus discípulos rompieron la tradición de los líderes religiosos sobre el ritual de lavarse las manos antes de las comidas. Entonces, ¡Jesús le dio la vuelta a ese ataque, y señaló que sus críticos honraban su propia tradición por encima de los mandamientos reales de Dios! Jesús dice que nadie se contamina por lo que entra por la boca, sino por la manera en que el espíritu se expresa, como las palabras que salen de la boca. Jesús y los discípulos deciden marcharse de Israel. Jesús expulsa a un demonio de la hija de una mujer cananea que fue muy persistente. DespuÉs viajan al lado sureste del Mar de Galilea, donde Jesús alimenta a miles de personas con unos pocos panes y unos peces. Estos dos últimos eventos fueron los que finalmente establecieron la eventual difusión del evangelio más allá del pueblo de Israel.