¿Qué significa Mateo 8:3?
Un leproso se ha acercado a Jesús (Mateo 8:2). De hecho, estaba en peligro de transgredir los requisitos de la Ley del Antiguo Testamento de mantenerse alejado de las personas que no estuvieran infectadas. Si se acercara mucho, la gente gritara "¡Impuro!" para advertirle a los demás que se mantuvieran alejados de Él (Levítico 13:45). Este hombre ha declarado su fe al pensar que Jesús tiene el poder de "limpiarlo", si Jesús así lo decidiera. Al sufrir de una enfermedad de la piel, este hombre era ceremonialmente impuro y no podía participar en muchos de los ritos religiosos de Israel (Levítico 13:45).Lo que este hombre le estaba pidiendo a Jesús era algo bastante considerable. Aunque la ley de Moisés usa términos que a menudo se traducen al español como "lepra", esas palabras en realidad se aplican a una amplia gama de infecciones de la piel. Lo mismo ocurre con las palabras griegas lepra y lepros. La Ley proporcionó un sistema para declarar limpia a una persona después de recuperarse de tal condición (Levítico 14). En el caso de algunas enfermedades, tales como la enfermedad a la que la gente moderna conoce como "lepra", esto era imposible. La lepra, o enfermedad de Hansen, es una enfermedad contagiosa de la piel, los nervios y las membranas mucosas. Las dos curaciones que aparecen en el Antiguo Testamento involucraron la intervención sobrenatural de Dios para que los Israelitas contemplaran Su poder y Su gloria (Números 12:10–15; 2 Reyes 5:9–14). La curación de este hombre tenía este mismo propósito.
Jesús se acercó y tocó al hombre; de hecho, no necesitaba tocar al leproso para curarlo. En los siguientes versículos, Mateo nos informará de un momento en que Jesús sanó a un hombre paralítico sin haberlo visto. Jesús eligió tocar a este hombre con lepra, algo que técnicamente transgredía la ley de Moisés (Levítico 5:3) y habría hecho que Jesús mismo se volviera ceremonialmente impuro dentro del contexto de la ley judía. Seguramente habría sido impactante para gente que lo vio hacerlo.
Sin embargo, Jesús no se volvió impuro: la condición del hombre desapareció instantáneamente después de que Jesús lo tocara. Al sanar a este hombre de esta enfermedad, Jesús demostró que Él tenía el poder de Dios. Este es el mismo poder que afligió y sanó a María después de que Israel saliera de Egipto (Números 12:10–15). Cristo demostró que era aún más poderoso que Eliseo, quien tuvo que prescribirle a Namán que se lavara varias veces en el río Jordán para curarse de su lepra (2 Reyes 5:9–14). Jesús logró hacer lo mismo con solo decir una palabra y tocar a la persona que tenía lepra.
Mateo 8:1–4 describe el encuentro que Jesús tuvo con un hombre que tenía lepra. Con gran fe y humildad, el hombre se arrodilla ante Jesús y declara que Jesús puede sanarlo si Él quiere. Jesús toca al hombre, y el hombre se sana inmediatamente. Jesús le ordena al hombre que no le cuente a nadie lo que había sucedido. En cambio, debía visitar al sacerdote para presentarle las ofrendas que MoisÉs ordenó que ofrecieran los leprosos que se habían curado y querían que se los declarase limpios de nuevo.
Mateo comparte una serie de historias que nos revelan la autoridad que Jesús tenía y tiene sobre las enfermedades, los demonios e incluso el clima. Jesús sana a un hombre humilde con lepra que tenía mucha fe. Luego sana al criado de un centurión romano que creía que Jesús no necesitaba ir a su casa para sanarlo, sino que Jesús solo necesitaba decirlo y así ocurriría. Jesús alaba la asombrosa fe de este hombre gentil. DespuÉs de sanar a muchos más, Jesús y los discípulos se quedan atrapados en una tormenta casi mortal en el Mar de Galilea. Jesús detiene la tormenta con una sola frase. Más tarde, Jesús expulsa algunos demonios de dos hombres y de una gran manada de cerdos.