Verso

Proverbios 5:10

LBLA no sea que se sacien los extraños de tus bienes, y tu esfuerzo vaya a casa del extranjero;
NBLA No sea que se sacien los extraños de tus bienes Y tu esfuerzo vaya a casa del extranjero;
NVI para que no sacies con tu fuerza a gente extraña, ni vayan a dar en casa ajena tus esfuerzos.
RV1960 No sea que extraños se sacien de tu fuerza, Y tus trabajos estén en casa del extraño;
JBS para que no se harten los extraños de tu fuerza, y tus trabajos estén en casa del extraño;

¿Qué significa Proverbios 5:10?

Una frase popular en la cultura poscristiana es: "si hace que te sientas bien, hazlo". Sin embargo, la falta de moral nos hace sufrir y pasarlo mal. Esta idea ya se insinuó anteriormente en este capítulo, en la que una persona está seduciendo a otra ofreciéndole algo que parece ser dulce y placentero, pero en realidad está llena de veneno y dolor (Proverbios 5:3–4). El pecado específico que se menciona en este pasaje es el del adulterio. Sin embargo, este concepto básico se le puede aplicar a cualquier forma de pecado y sus consecuencias.

En el mundo actual, muchas personas piensan que todo es relativo y que cada persona debe definir el bien o el mal según sus propias preferencias. Esta manera de pensar nos hace caminar por un sendero que nos aleja de Dios (Isaías 53:6). Salomón les dice a sus hijos que cuando caemos en la tentación, nuestra vida, nuestras posesiones y nuestra reputación acaban perteneciéndoles a otras personas. El mundo piensa que cuando nos rebelamos en contra de Dios, "retomamos en control" de nuestras propias vidas. En realidad, es justamente lo contrario a eso. El pecado nos esclaviza (Juan 8:34), y las personas que sucumben al pecado se están entregando voluntariamente a pasar por todo tipo de sufrimientos (1 Corintios 6:12).

El hijo pródigo se fue de casa con la herencia que le pertenecía (Lucas 15:12–13), pero regresó a casa con las manos vacías, solo con su arrepentimiento (Lucas 15:18–19). Había perdido toda su riqueza en un país extranjero. Además, un criador de cerdos le permitió trabajar para él hasta el punto en el que se vio obligado a comer de la misma comida de la que se alimentaban los cerdos (Lucas 15:14–16). Afortunadamente, este hijo pródigo descubrió que su padre siempre había estado dispuesto a perdonarlo por todo lo que había hecho.

En lugar de desperdiciar nuestras fuerzas, debemos dedicárselas a Dios y servirle con un corazón lleno de amor. Jesús dijo que el mayor mandamiento es "amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas" (Marcos 12:30).
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